26/07 - 31/07/2016

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El hagan lío del Papa

2016-07-31 / News


El Papa Francisco atrapó los corazones de los jóvenes en la Vigilia de Cracovia animándoles a ser los constructores de su futuro

En una vibrante intervención en la Vigilia de la JMJ, con cientos de miles de jóvenes que ha mantenido en el “Campus Misericordiae”, el Papa Francisco animó a los presentes a no ser cómodos y a “dejar huella”


Al comenzar la Vigilia, el Papa cruzó la llamada Puerta de la Misericordia acompañado por seis jóvenes de los cinco continentes. A continuación, se desarrollaron cinco vistosas representaciones con el tema “El camino a Jesús” (una de ellas, incluía una situación de jóvenes dominados por la adicción a las tecnologías y otra, el perdón de Juan Pablo II a quien le intentó asesinar, Alí Agca).

La intervención del Papa comenzó con palabras fuertes: “Ya nunca puede haber hermanos 'rodeados de muerte y homicidios' sintiendo que nadie los va a ayudar”, animó a los jóvenes a rezar “por el sufrimiento de tantas víctimas fruto de la guerra”, y en concreto, “por tantas familias de la amada Siria y de otras partes del mundo, para que de una vez por todas podamos comprender que nada justifica la sangre de un hermano, que nada es más valioso que la persona que tenemos al lado”.

El Papa quiso recalcar que no es un mensaje contra nadie: “No queremos vencer el odio con más odio, vencer la violencia con más violencia, vencer el terror con más terror. Nuestra respuesta a este mundo en guerra tiene un nombre: se llama fraternidad, se llama hermandad, se llama comunión, se llama familia”.

Más aún, el Santo Padre pidió a los jóvenes identificarse con aquellos para quienes “la familia es un concepto inexistente, y la casa sólo un lugar donde dormir y comer', o con quienes viven con el miedo de creer que sus errores y pecados los han dejado definitivamente afuera”. En referencia a problemas actuales, el Papa argentino, en un altar presidido por una imagen del Jesús de la Divina Misericordia, resaltó: “Hoy los adultos necesitamos de ustedes, que nos enseñen a convivir en la diversidad, en el diálogo, en compartir la multiculturalidad, no como una amenaza sino, como una oportunidad: tengan valentía para enseñarnos que es más fácil construir puentes que levantar muros. Y todos juntos pidamos que nos exijan transitar por los caminos de la fraternidad”.

En su mensaje a los jóvenes, el Santo Padre habló del “miedo y la angustia que nace de saber que al salir de casa uno puede no volver a ver a los seres queridos, el miedo a no sentirse valorado ni querido, el miedo a no tener otra oportunidad”. Con expresión popular, continuó: “Cuando el miedo se acovacha en el encierro siempre va acompañado por su «hermana gemela»: la parálisis, sentirnos paralizados. Sentir que en este mundo, en nuestras ciudades, en nuestras comunidades, no hay ya espacio para crecer, para soñar, para crear, para mirar horizontes”.


Una llamada de atención a los jóvenes

En este sentido, el Papa advirtió sobre “otra parálisis todavía más peligrosa, me gusta llamarla la parálisis que nace cuando se confunde 'felicidad' con un 'sofá' (canapé)”. Se extendió el Papa: “Creer que para ser feliz necesitamos un buen sofá/canapé. Un sofá que nos ayude a estar cómodos, tranquilos, bien seguros. Un sofá —como los que hay ahora modernos con masajes adormecedores incluidos— que nos garantiza horas de tranquilidad para trasladarnos al mundo de los videojuegos y pasar horas frente a la computadora”. Para él, “la 'sofá-felicidad' es probablemente la parálisis silenciosa que más nos puede perjudicar, ya que poco a poco, sin darnos cuenta, nos vamos quedando dormidos, nos vamos quedando embobados y atontados mientras otros —quizás los más vivos, pero no los más buenos— deciden el futuro por nosotros”. Y recalcó que para muchos es más fácil y beneficioso “tener a jóvenes embobados y atontados que confunden felicidad con un sofá; para muchos eso les resulta más conveniente que tener jóvenes despiertos, inquietos respondiendo al sueño de Dios y a todas las aspiraciones del corazón”.

El Papa propuso a los jóvenes otra opción: “Queridos jóvenes, no vinimos a este mundo a 'vegetar', a pasarla cómodamente, a hacer de la vida un sofá que nos adormezca; al contrario, hemos venido a otra cosa, a dejar huella”. Esta pasividad, confundir la felicidad con consumir, advierte el Papa Francisco, tiene un precio muy caro: “perdemos la libertad”.

En este sentido, el santo padre recalcó: “Jesús es el Señor del riesgo, del siempre «más allá». Jesús no es el Señor del confort”. Para seguir a Jesús, en palabras del Pontífice, “hay que animarse a cambiar el sofá por un par de zapatos que te ayuden a caminar por caminos nunca soñados y menos pensados”, e ir “por los caminos siguiendo la «locura» de nuestro Dios que nos enseña a encontrarlo en el hambriento, en el sediento, en el desnudo, en el enfermo, en el amigo caído en desgracia, en el que está preso, en el prófugo y el emigrante, en el vecino que está solo”. E incluso, anima el Papa a los jóvenes a ir por los caminos de Dios “que nos invita a ser actores políticos, pensadores, movilizadores sociales. Que nos incita a pensar una economía más solidaria”.


"Dios espera algo de tí"

Ante las dificultades que puedan venir, el Papa dice “Dios espera algo de ti, Dios quiere algo de ti, Dios te espera a ti. Dios viene a abrir todo aquello que te encierra”. “El tiempo que hoy estamos viviendo, no necesita jóvenes de sofá, sino jóvenes con zapatos; mejor aún, con los botines puestos. Sólo acepta jugadores titulares en la cancha, no hay espacio para suplentes”, ha destacado el Santo Padre. Más aún, “el mundo de hoy les pide que sean protagonistas de la historia porque la vida es linda siempre y cuando queramos vivirla, siempre y cuando queramos dejar una huella”.Tras las palabras del Papa, siguió la Adoración con el Santísimo, en un impresionante silencio.

Cientos de miles de jóvenes llenaron el Campo de la Misericordia, tras acceder a él recorriendo los trece kilómetros que separan la ciudad de Cracovia hasta la localidad de Brzegi. Sus horas de espera estuvieron amenizadas por actuaciones musicales, entre ellas, la del español padre Damián, participante en el concurso “La Voz”.

Desde la una de la tarde esperaba un grupo de jóvenes de una parroquia de Usera, que ha viajado a Cracovia con Deleju, la delegación de juventud de la diócesis de Madrid. “Nos dicen que hemos traído el calor de España”, comentan. Cristina Caballero, Isabel Calonge, Irene Vela y Patryk Karbowniczak (de ascendencia polaca) destacaron, de las palabras que les dirigió el Papa hasta ahora, “eso de que le gusta una juventud activa. Que no seamos jóvenes que parecen jubilados. Y lo de la canción de los montañeros: que lo importante no es caerte sino no retirar la mano para que te levanten”, afirmaron. Este grupo contaba incluso con un joven que se define ateo. “Ha venido porque viene su novia. Pero ha dicho que siente simpatía por Jesús...”. Al parecer, en su grupo alguno ya había dado un cambio notable: “Uno de los chavales no se confesaba desde la primera Comunión, y ahora lo ha hecho ¡dos veces!”. Estos jóvenes han participado en las catequesis de los obispos -”la que más nos ha gustado es la de monseñor Osoro”, dicen-, y confirman: “todos venimos a lo mismo, todos somos personas que habitualmente practican su fe”.

Aunque durante todo el día lució un sol poderoso, en días anteriores no han faltado los chaparrones. “Si nos llueve esta noche... tenemos chubasqueros”, aseguraron los jóvenes, sentados sobre la hierba del inmenso recinto de Brzegi. Como la gran mayoría de los asistentes, tras la Vigilia de esta noche se quedan a dormir para la Misa de clausura de la JMJ, que será mañana, en el mismo lugar.  


Peregrinos de todas partes del mundo

Jason Tang de Brunei no sabría explicar con palabras lo que se vivió en la Vigilia: “No puedes usar palabras, sólo puedes vivirlo”. Les ha marcado profundamente el tema de la Misericordia: “Juan Pablo II nos está diciendo que tenemos que perdonar, incluso si el mismo ha estado a punto de ser asesinado, eligió perdonar”. Es la primera vez que ven al Papa y están profundamente conmovidos.

Multitud de banderas se distinguían en la Vigilia: israelíes junto a libanesas; muchísimas españolas, y de numerosos países latinoamericanos. También una bandera palestina, que portaba una joven locuaz y espontánea, Marcelle Zoughhi; explica que han venido 180 peregrinos de Belén; 200 de Galilea, y sólo dos de Gaza: “Pedimos permiso para cinco, pero a tres las autoridades israelíes no se lo concedieron”. Asegura encontrarse muy feliz por coincidir con tantos cristianos de todo el mundo: “Cuando por ahí, al saber que soy palestina me miran como si fuese una terrorista; aquí, en cambio, al saber que soy de Tierra Santa, me miran con cariño”, explica.

María, Cristina, Alejandro y Jesús son cuatro jóvenes que han venido a Cracovia con la diócesis de Cádiz-Ceuta, dentro de un grupo de casi un centenar. Insisten en que la acogida y hospitalidad polacas han sido “increíbles, increíbles”. Han pasado varios días viviendo en la céntrica Plaza del Mercado de Cracovia, en casa de un conocido que tiene un bar. “Esto te emociona, y compartir la fe con gente de otros sitios es extraordinario”, explica Jesús, ataviado con un sombrero y que es seminarista en su diócesis. Para ellos, uno de los mejores momentos fue el Via Crucis que siguieron en vivo en el parque Blonia de Cracovia. Asistieron 800.000 personas, aseguró ayer el portavoz de la Santa Sede, el padre Lombardi.

Entre los peregrinos que harán noche en Brzegi se encuentra al menos un obispo: Xavier Novell, de Solsona. Esta mañana comentaba que había venido con una veintena de chicos de su diócesis y estaría con ellos. Asegura que este tipo de encuentros ayuda a vivir la fe. “la verdad es que si alguno no suele practicar mucho en su casa, al venir aquí, por el ejemplo de los demás, se reza el rosario con ellos, acude a las catequesis, se confiesa, va a misa aunque no sea domingo...”.


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